29 de October de 2026

Blog Post

Tlaquiltzinapa abre el portal de las almas con un ritual ancestral en Guerrero

En la comunidad de Tlaquiltzinapa, perteneciente al municipio de Tlapa de Comonfort, en la región Montaña de Guerrero, la madrugada del 28 de octubre se convirtió en un encuentro entre la memoria, la espiritualidad y las tradiciones ancestrales. Habitantes de todas las edades emprendieron una procesión nocturna hacia el cerro conocido como El Calvario para realizar un ritual con el que, de acuerdo con sus creencias, se abre el portal que permite el regreso de las almas de sus seres queridos.

Abrigados contra el frío de la madrugada, hombres, mujeres, jóvenes y niños caminaron con velas encendidas, flores y canastas con pan, frutas y otras ofrendas, acompañados por música de viento. El recorrido culminó frente a una gran cruz ubicada en lo alto del cerro, donde los participantes elevaron rezos y cantos durante aproximadamente dos horas.

Para los habitantes, este momento representa la apertura simbólica del camino que permite a sus difuntos regresar a la comunidad y visitar los hogares donde sus familiares los esperan.

La tradición, transmitida de generación en generación entre los pueblos nahuas, conserva un profundo significado espiritual. Durante estas fechas, los pobladores mantienen una forma particular de honrar a sus muertos y rechazan las celebraciones de Halloween y el uso de disfraces, al considerar este periodo un tiempo sagrado dedicado a la memoria de quienes han partido.

Los preparativos comienzan desde el 24 de octubre, cuando las familias y habitantes se reúnen en la iglesia para elevar rezos y alabanzas por sus difuntos. Antiguamente, niños y jóvenes recorrían los huertos para recolectar elotes, calabazas, jícamas y otros frutos de la temporada, que posteriormente se preparaban y compartían como parte de las ofrendas familiares.

Entre las creencias que acompañan esta celebración destaca aquella que atribuye un significado especial a la cera de las velas. Según la tradición, las gotas que escurren representan las lágrimas de las almas: de alegría por ser recordadas o de tristeza cuando sus familiares las han olvidado.

La celebración continúa hasta el 2 de noviembre, cuando concluye el periodo dedicado a los fieles difuntos. Durante estos días, los hogares mantienen sus altares adornados con flores de cempasúchil, veladoras, alimentos y bebidas que disfrutaban en vida las personas recordadas.

Así, entre procesiones, música, rezos y ofrendas, Tlaquiltzinapa preserva una expresión cultural que reúne las creencias ancestrales de sus habitantes con la tradición católica. Una celebración que convierte la memoria familiar en un acto colectivo y mantiene vigente el vínculo espiritual entre quienes permanecen y quienes, según la tradición, regresan cada año para reencontrarse con sus seres queridos.