En Pomuch, la muerte no representa necesariamente una despedida definitiva. Cada año, cuando se aproxima el Día de Muertos, las familias regresan al cementerio para limpiar cuidadosamente los restos óseos de sus seres queridos, renovar los manteles que los cubren y mantener vivo un vínculo que trasciende generaciones.
Esta tradición funeraria, conocida como la limpieza de huesos, constituye una de las expresiones culturales más singulares de Campeche y una manifestación de la identidad maya de la región. Su significado va más allá de lo visual: representa una forma de recordar, cuidar y mantener presentes a quienes han fallecido.
De acuerdo con María Fernanda Apipilhuasco Miranda, socióloga, antropóloga e investigadora posdoctoral en el CIESAS-Peninsular, esta práctica permite comprender cómo algunas familias de Pomuch construyen relaciones con sus difuntos y cómo esas costumbres adquieren nuevos significados cuando se convierten en patrimonio cultural y atractivo turístico.

Una tradición que comienza después de la muerte
La limpieza de huesos generalmente se realiza a partir del tercer año del fallecimiento, cuando los familiares exhuman los restos y los colocan en pequeñas cajas conocidas como osarios.
Estos recipientes permanecen abiertos, pues, según las creencias de quienes mantienen el ritual, los huesos necesitan respirar. Cada octubre, las familias regresan para limpiarlos cuidadosamente y cambiar los manteles bordados que los cubren.
Las telas, decoradas con flores y, en ocasiones, con el nombre del difunto, funcionan como una vestimenta que se renueva cada año. Este gesto representa una manera de atender a los seres queridos y conservar su lugar dentro de la vida familiar.
La tradición está relacionada con una concepción particular de la existencia después de la muerte. Según las creencias de quienes practican el ritual, los difuntos conservan una fuerza vital conocida como pixán, alma o ánima, y pueden regresar al mundo de los vivos durante octubre y noviembre.
En este contexto, el cementerio es considerado la primera casa de los fallecidos, un espacio donde sus familiares procuran recibirlos con respeto y mantenerlos presentes mediante el cuidado de sus restos.
Sin embargo, la investigadora señala que esta práctica no es compartida por toda la población de Pomuch. Forma parte de las tradiciones funerarias de familias católicas que mantienen estas creencias, mientras que otros habitantes tienen distintas convicciones religiosas y maneras de comprender la muerte.

Recordar también significa compartir los alimentos
El cuidado de los difuntos no termina con la limpieza de los huesos. Las ofrendas y la preparación de alimentos también ocupan un lugar fundamental en la relación entre vivos y muertos.
En Pomuch, las familias procuran compartir con sus seres queridos fallecidos lo mejor que tienen a su alcance. La comida se convierte en una expresión de afecto, reciprocidad y continuidad familiar.
Estas prácticas mantienen vínculos con los ciclos agrícolas y las tradiciones de las comunidades mayas, donde agradecer los frutos de la tierra y atender a los antepasados forman parte de una misma visión del mundo.
La investigadora explica que reservar los primeros frutos para las ofrendas representa el reconocimiento de lo recibido y las obligaciones hacia quienes ya partieron.
De esta manera, la memoria familiar se relaciona con la tierra, las cosechas y las generaciones que han compartido una misma historia.
Una tradición que se transforma con el tiempo
Aunque la limpieza de huesos tiene raíces históricas relacionadas con las prácticas funerarias mayas, no puede entenderse como una costumbre prehispánica que ha permanecido intacta.
Las investigaciones arqueológicas e históricas muestran que los restos humanos tuvieron distintos significados en determinadas ceremonias funerarias de los antiguos pueblos mayas, donde podían relacionarse con la posición social, el poder y las creencias religiosas.
Sin embargo, la tradición contemporánea de Pomuch es resultado de un proceso histórico en el que confluyen concepciones de origen maya, prácticas católicas y transformaciones sociales y económicas.
Esta combinación permite comprender por qué el ritual continúa adquiriendo nuevos significados sin perder su importancia para las familias que lo mantienen.
Su permanencia no depende necesariamente de conservar todos sus elementos de manera idéntica, sino de encontrar formas de transmitirlo y adaptarlo a las circunstancias de cada generación.
El reconocimiento patrimonial y el turismo
En 2017, la limpieza de huesos de Pomuch fue reconocida como patrimonio cultural del estado de Campeche bajo la denominación «La limpieza de los santos restos, ritual funerario de la comunidad maya de Pomuch».
La declaratoria contribuyó a incrementar la visibilidad de esta tradición y a impulsar su difusión como parte de la identidad cultural de la región.
Este proceso de patrimonialización involucra a comunidades, instituciones gubernamentales, investigadores y sectores vinculados con el turismo, cuyos intereses y perspectivas no siempre coinciden.
En 2006 surgió el colectivo local Maya Kin, cuyos integrantes buscaban compartir las costumbres del poblado y las historias sobre los difuntos transmitidas por sus mayores.
Con el tiempo, la iniciativa adquirió mayor alcance y recibió apoyo gubernamental. Desde 2022, la Autoridad del Patrimonio Cultural del Estado de Campeche coordina principalmente el festival relacionado con esta tradición.
El evento incluye actividades culturales, gastronomía, venta de productos locales, presentaciones artísticas y el Paseo de los Pixanes, celebrado el 31 de octubre.
La festividad ha contribuido a proyectar la identidad pomucheña y campechana, además de generar oportunidades económicas para comerciantes y otros participantes.
No obstante, Apipilhuasco Miranda advierte que el festival y la limpieza de huesos pertenecen a ámbitos diferentes.
Mientras el primero constituye un acontecimiento público, el ritual forma parte de la intimidad familiar. Aunque ambos están relacionados, el festival no representa la totalidad de las experiencias ni los significados que las familias atribuyen al cuidado de sus difuntos.
El desafío de preservar la intimidad familiar
La creciente promoción turística de Pomuch plantea preguntas sobre la manera en que se presenta públicamente esta tradición y sobre quién decide qué aspectos pueden compartirse.
Para algunos habitantes, el reconocimiento patrimonial representa una oportunidad para difundir sus costumbres. Para las instituciones, forma parte de las políticas culturales y turísticas, mientras que para los comerciantes puede significar una fuente de ingresos.
Estas perspectivas pueden coincidir, pero también generan inquietudes sobre la representación de la comunidad y la posibilidad de que una práctica familiar se convierta en un espectáculo.
La investigadora señala que, pese al crecimiento de la promoción turística, no se han producido grandes cambios en la práctica ritual.
Esta observación permite distinguir entre la visibilidad pública de la tradición y la manera en que las familias continúan viviendo su relación con los difuntos.
Para quienes visitan Pomuch, el respeto por esta dimensión íntima resulta fundamental. Pedir permiso antes de tomar fotografías, respetar los tiempos de las familias y reconocer que no todos los espacios están disponibles para la observación pública son consideraciones esenciales.
La curiosidad por conocer una tradición no implica tener derecho a registrar o difundir cada momento.
Asimismo, las instituciones que promueven el patrimonio deben mantener comunicación con los habitantes, escuchar sus necesidades y procurar que las actividades culturales respeten los significados que atribuyen a sus prácticas.
La conservación de esta tradición requiere considerar las distintas opiniones de la comunidad y las condiciones que permiten a las familias continuar con sus costumbres.
Pomuch y las distintas formas de celebrar el Día de Muertos
La limpieza de huesos también invita a reflexionar sobre la diversidad de expresiones que forman parte del Día de Muertos en México.
En San Andrés Mixquic, Ciudad de México, las familias iluminan el cementerio con velas durante la Alumbrada. En las comunidades de la ribera del lago de Pátzcuaro, Michoacán, las tumbas se adornan con flores y veladoras, mientras que en la Huasteca el Xantolo incorpora música, danzas y ofrendas vinculadas con los ciclos agrícolas.
Aunque estas celebraciones comparten la intención de recordar y recibir a los difuntos, cada una responde a historias, creencias y formas de organización particulares.
En Pomuch, el cuidado directo de los restos óseos ocupa un lugar central en la relación de algunas familias con sus seres queridos.
Por ello, la investigadora considera importante evitar que la promoción de una identidad nacional relacionada con el Día de Muertos invisibilice las particularidades de las tradiciones regionales.
Reconocer la diversidad cultural implica comprender los significados que sostienen estas prácticas, respetar a quienes las realizan y aceptar que no existe una sola manera de relacionarse con la muerte.
Un vínculo que permanece entre generaciones
La limpieza de huesos de Pomuch muestra que el patrimonio cultural no se limita a los festivales, las declaratorias o la llegada de visitantes.
Su continuidad depende de las familias que mantienen el cuidado de sus difuntos, transmiten sus creencias y encuentran nuevas formas de expresar sus vínculos con quienes han fallecido.
La tradición también enfrenta transformaciones relacionadas con la migración, las diferencias generacionales y las circunstancias de la vida cotidiana.
Las nuevas generaciones pueden desarrollar otras interpretaciones sin necesariamente abandonar la práctica. Su permanencia implica reconocer que las costumbres evolucionan y que cada familia tiene derecho a decidir cómo mantenerlas y transmitirlas.
En Pomuch, los difuntos permanecen presentes a través de los cuidados, las ofrendas y la memoria compartida.
Más que una expresión turística del Día de Muertos, la limpieza de huesos representa una manera de comprender la vida, la muerte y la continuidad de los afectos.
Mientras las familias sigan encontrando formas de cuidar a sus seres queridos, esta tradición continuará siendo un puente entre generaciones y una expresión viva de la identidad cultural maya de Campeche.