Mientras San Cristóbal de las Casas y Palenque acaparan la atención en Chiapas, Pijijiapan emerge como un destino genuino donde la naturaleza, la arqueología y las tradiciones se entrelazan. Ubicado en la costa del Pacífico, este municipio —cuyo nombre proviene del ave local pijiji— ofrece una experiencia lejos del turismo masivo, ideal para viajeros que buscan autenticidad.

Naturaleza en estado puro
- Esteros y manglares: El Estero Chocohuital, a 20 km del pueblo, es un laberinto acuático rodeado de manglares donde se avistan garzas, cocodrilos y tortugas. Desde aquí, lanchas llevan a Costa Azul, una playa desierta de arena dorada.
- Playas vírgenes: Palmarcito y Agua Tendida son paraísos sin multitudes, ideales para nadar o contemplar atardeceres.
- Aventura en ríos y cascadas: Las pozas del Río Pijijiapan (como El Anillo) y cascadas como Arroyo Frío refrescan a los viajeros más intrépidos.

Huellas olmecas y tradiciones vivas
- Piedras olmecas: A solo 1.5 km del centro, las Piedras de los Soldados (1200-900 a.C.) muestran relieves que revelan un pasado prehispánico olvidado.
- Fiestas y gastronomía: No te pierdas la Feria del Queso (con récord Guinness al quesillo más grande del mundo en 2023) ni los sabores locales como pescado zarandeado, tamales de chipilín o el dulce turulete.
Experiencias únicas
- Pesca con locales en Chocohuital.
- Caminatas por la Sierra Madre, con paisajes selváticos.
- Fotografía en escenarios como los manglares al amanecer o las playas solitarias.
¿Cómo llegar?
Desde Tuxtla Gutiérrez, son 3-4 horas por la carretera 200. La infraestructura es sencilla: hospedajes rústicos como cabañas en Palmarcito o el Casa Mandala Hotel en el pueblo.
¿Por qué ir? Pijijiapan es para quienes anhelan lo auténtico: naturaleza sin explotar, historia sin vitrinas y una cálida bienvenida de su gente. Un destino que demuestra que Chiapas siempre guarda sorpresas.