La ciudad de Guadalajara se encuentra en el ojo internacional al confirmarse como una de las sedes de la Copa Mundial de la FIFA 2026, lo que ha detonado el interés de viajeros que buscan experiencias auténticas más allá de los estadios.
En este contexto, el tejuino emerge como una de las bebidas más representativas y refrescantes que todo visitante debe probar. Originaria del occidente de México, especialmente de estados como Jalisco, Nayarit, Colima y Michoacán, esta preparación ancestral ha logrado expandirse a otras regiones del país, consolidándose como un símbolo vivo de la cultura mexicana.
El tejuino es una bebida fermentada elaborada a base de masa de maíz nixtamalizado y piloncillo, cuyo origen se remonta a miles de años. Su historia está profundamente ligada a las culturas prehispánicas, como la tradición Wixárika, donde tenía un carácter ritual y ceremonial. Su nombre proviene del náhuatl “tecuín”, que significa “latido del corazón”, reforzando su valor simbólico.
Más allá de su sabor característico —una mezcla entre dulce, ácido y ligeramente picante—, el tejuino destaca por sus beneficios probióticos, al ser una bebida fermentada de manera artesanal. Esto la convierte en una alternativa natural frente a bebidas industrializadas, además de una opción ideal para refrescarse en climas cálidos, especialmente cuando se sirve con hielo, limón, sal y chile.
En Guadalajara, el tejuino no solo forma parte de la vida cotidiana, sino que cuenta con su propia celebración cada 19 de marzo, consolidándose como un emblema regional. Su preparación, que incluye la cocción de piloncillo con masa y un proceso de fermentación de uno a tres días, mantiene vivas técnicas tradicionales que han pasado de generación en generación.
Con la mirada del mundo puesta en la ciudad rumbo al Mundial 2026, el tejuino se perfila como una experiencia gastronómica imprescindible para quienes buscan conectar con la identidad, historia y sabor auténtico de México.