Ubicado en el noroeste de Sonora, el Gran Desierto de Altar se posiciona como una de las regiones naturales más impresionantes de Norteamérica, no solo por su magnitud, sino por su riqueza biológica y geológica. Este vasto territorio forma parte de la Reserva de la Biósfera El Pinacate y Gran Desierto de Altar, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2013.
El paisaje del desierto destaca por sus inmensas dunas —las más grandes de Norteamérica— que contrastan con el sistema volcánico de El Pinacate, donde se elevan más de 400 conos volcánicos, extensos flujos de lava y cráteres gigantes que parecen sacados de otro planeta.

A pesar de sus condiciones extremas, con temperaturas que superan los 50°C en verano y descienden por debajo de cero en invierno, esta región alberga una sorprendente biodiversidad. Se han registrado más de 540 especies de plantas, 200 especies de aves, así como fauna emblemática como el borrego cimarrón y el berrendo sonorense, este último en peligro de extinción.
El sitio también posee un profundo valor cultural. Es considerado territorio sagrado por el pueblo Tohono O’odham, quienes ubican aquí su origen. Además, sus paisajes sirvieron como campo de entrenamiento para astronautas de la NASA, debido a su similitud con la superficie lunar.

El acceso principal a esta maravilla natural se localiza en el kilómetro 52 de la carretera entre Puerto Peñasco y Sonoyta, en una zona que conecta municipios como Puerto Peñasco, Plutarco Elías Calles y San Luis Río Colorado.
Entre las actividades más populares destacan el senderismo, la observación de estrellas —favorecida por la baja contaminación lumínica— y la fotografía de paisajes, donde el contraste entre el desierto y el cercano Mar de Cortés crea escenarios únicos.
Considerado parte del Desierto Sonorense, el más biodiverso del continente, este destino se consolida como un espacio prioritario para la conservación en México y un sitio imprescindible para los viajeros que buscan experiencias fuera de lo convencional.