6 de November de 2026

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El bahareque de Teteles de Santo Nombre: una vivienda ancestral que revela la vida cotidiana del México prehispánico

En el corazón de la región de Tehuacán-Zucatlán, en Puebla, se encuentra Teteles de Santo Nombre, un antiguo asentamiento prehispánico que conserva vestigios de una de las ciudades más importantes del periodo Clásico en el centro de México. Su historia, arquitectura y organización social pueden conocerse a través del Museo de Sitio, un espacio que acerca a los visitantes a la vida de quienes habitaron esta región hace más de mil años.

El museo cuenta con ocho salas dedicadas a explicar el desarrollo de las antiguas poblaciones que ocuparon este territorio, así como el esplendor de Teteles de Santo Nombre, particularmente entre los años 400 y 650 d.C. Aunque su ocupación se extendió durante aproximadamente un milenio, sus vestigios permiten comprender la importancia que alcanzó este centro urbano entre los años 200 y 1000 d.C.

Uno de los espacios más interesantes se encuentra en la cuarta sala, dedicada a la vida cotidiana, donde destaca la reconstrucción hipotética de una vivienda de bahareque, un sistema constructivo ancestral que permite conocer cómo eran los hogares de la población común durante el periodo Clásico mesoamericano.

Esta técnica, considerada una de las formas tradicionales de construcción más antiguas de América, aprovechaba materiales disponibles en el entorno natural. Su elaboración comenzaba con una estructura de postes de madera que funcionaban como soporte; posteriormente, se colocaban varas delgadas, carrizos o cañas entrelazadas vertical y horizontalmente para formar una estructura flexible.

Sobre este entramado se aplicaban varias capas de una mezcla de barro, agua y fibras vegetales que, al secarse al sol, daban forma a paredes resistentes. El resultado era una vivienda adaptada a las condiciones climáticas de la región, capaz de conservar temperaturas frescas durante los días calurosos y mantener el calor durante las noches frías.

La reconstrucción también permite imaginar cómo se organizaba la vida familiar. En el interior de las viviendas, los fogones constituían el centro de las actividades domésticas y de convivencia, mientras que los espacios exteriores funcionaban como áreas de trabajo donde se elaboraban herramientas de piedra, piezas de cerámica y tejidos con fibras silvestres.

Los conocimientos sobre esta arquitectura se obtuvieron a partir de las evidencias arqueológicas encontradas durante las excavaciones, entre ellas las huellas de postes y los fragmentos de barro endurecido que permitieron identificar las características del sistema constructivo.

Sin embargo, Teteles de Santo Nombre también conserva interrogantes sobre el final de su ocupación. De acuerdo con el arqueólogo Blas Castellón, antes de abandonar el asentamiento, sus habitantes realizaron un ritual de terminación que consistió en destruir objetos y edificios para posteriormente cubrirlos con arena y tierra.

Aunque todavía no existe certeza sobre las razones que motivaron este acontecimiento, entre las hipótesis se consideran posibles factores naturales y cambios relacionados con los ciclos de productividad.

Visitar el Museo de Sitio de Teteles de Santo Nombre representa una oportunidad para descubrir una faceta menos conocida del mundo prehispánico: la vida cotidiana de sus habitantes. Más allá de las grandes construcciones ceremoniales, una sencilla casa de bahareque permite reconocer la creatividad, los conocimientos ambientales y las técnicas constructivas con las que las antiguas comunidades transformaron los recursos de su entorno en espacios para vivir.