Durante la temporada de Día de Muertos, Atlixco, Puebla, se transforma en un escenario de flores de cempasúchil, catrinas monumentales, tapetes florales y personajes caracterizados que recorren sus calles. Entre finales de octubre y los primeros días de noviembre, el Pueblo Mágico reúne tradiciones locales, memoria de los difuntos e identidad agrícola en una celebración que atrae a visitantes de distintos puntos del país.
Uno de los principales atractivos es el Valle de Catrinas, propuesta que lleva esculturas de gran formato a diferentes espacios de la ciudad. Las piezas retoman elementos de la tradición mexicana y del imaginario prehispánico, mientras se integran con la arquitectura colonial, los portales y las calles del centro histórico.

Las flores ocupan también un lugar central en la celebración. Atlixco, reconocido por sus viveros, cultivos y producción de plantas ornamentales, incorpora su vocación agrícola a las decoraciones de Día de Muertos, particularmente a través del cempasúchil, una de las flores más representativas de estas fechas.
Otro de los momentos destacados es la elaboración de un tapete monumental en la explanada del Palacio Municipal. La instalación reúne más de 150 mil flores de distintos colores para crear figuras y motivos relacionados con Todos Santos, convirtiéndose en uno de los elementos visuales más representativos de la temporada.
El cempasúchil adquiere especial significado por su presencia tradicional en las ofrendas y por la creencia de que su aroma y color ayudan a señalar el camino de regreso de los difuntos. Esta tradición se vincula con la identidad floral de Atlixco, cuya tierra fértil y clima han favorecido históricamente el cultivo de flores y árboles frutales.
El Instituto Nacional de Antropología e Historia ha señalado la importancia agrícola de la región, que durante el periodo colonial fue conocida como “el granero de la Nueva España”. Con el paso del tiempo, Atlixco también fue identificado como “Atlixco de las flores”, una denominación que refleja la relación entre la ciudad y su producción floral.
Las celebraciones alcanzan uno de sus momentos más coloridos con el Desfile de Calaveras, que se realiza el 2 de noviembre. Las calles reciben a miles de personas caracterizadas como catrinas y otros personajes, acompañadas por música, comparsas, grupos de baile, bandas de guerra, catrinas gigantes y mojigangas.

El desfile también recupera personajes presentes en las leyendas populares de la región, entre ellos el charro negro, el diablo, el nahual y la bruja. Muchas de estas historias están relacionadas con el cerro de San Miguel, uno de los sitios representativos de Atlixco desde donde puede contemplarse el valle y, cuando las condiciones climáticas lo permiten, el Popocatépetl.
Entre flores, esculturas, música y relatos tradicionales, Atlixco convierte el Día de Muertos en un recorrido por la identidad cultural y agrícola de la región, donde la memoria de los difuntos convive con una de las expresiones florales más características de Puebla.